jueves, 16 de junio de 2011

El parque es nuestro

El acampe en el Parque Ciutadella
Camino al parque y rodando con bici hacia la entrada desde el Arc de Triomf se confirmó mi sospecha: la policía estaba enterada del plan del movimiento ciudadano, que pretendía acampar adentro del parque de la ciutadella e impedir a la mañana la sesión de los legisladores del Parlament de Catalunya, que a su vez pretendía votar aquella mañana los recortes presupuestarios en las áreas de Educación, Salud, Obra pública y Gasto social. El gasto militar, los sueldos de los funcionarios con sus lujuriosos extras y las ayudas financieras a los bancos no estaban en la agenda.
A las cuatro de la tarde, los mossos d'esquadra comenzaron a echar a las personas del parque, con una amable petición. Confiscaron carpas y objetos personales, ocuparon el parque y pernoctaron de pie. Los manifestantes se enfrentaron con las rejas del Ciutadella.
Se aplaudió la llegada de las primeras columnas barriales, de la asamblea de Poble Nou y de Gràcia. Más gente llegó y se ocupó el portal principal, por donde suelen entrar los legisladores. La asamblea decidió pasar la noche frente al parque e intentar impedir el ingreso de los parlamentarios a la mañana siguiente. Algunos comenzaron a construir barricadas y la asamblea decidió seguir con el intento de cerrar todas las entradas al parque.
A la mañana siguiente llegaron los policías de combate, sin las placas de identificación obligatoria. Los acampantes estaban un poco más dormidos, con apenas dos horas de sueño: no habían estado toda la noche ansiosos y esperando la violencia, sino que hubo distensión, charla y discusión, que mantenían fresco el espíritu. Con cierto forcejeo, los policías alcanzaron el portal y comenzaron a desmantelar las barricadas.
El Presidente catalán, Artur Mas, llegó en helicóptero al igual que otros. Algunos entraron a pie, entre los insultos de los manifestantes y la protección policial. "Están impidiendo el normal funcionamiento de la democracia" se quejó Mas. Por supuesto, si quieren usar la democracia en contra de la gente. Nadie la votó para que haga recortes, recuerda un indignado.
En una puerta secundaria había menos gente y los mossos no preguntaron mucho para desalojar rápido y a los golpes. A una señora de unos 60 años que llevaba a un hombre en silla de ruedas le pegaron y la tiraron al suelo. A otro lo protegió la matera de cuero donde llevaba el termo de acero inoxidable.
Me pasa un mate caliente. Largo y sabroso. Amargo, uruguayo. "Y los medios cuentan siempre lo mismo". No dan abasto con tanta mentira. Un legislador dijo sentirse "indignado" por el bloqueo al parque. Si está indignado, que se sume a la protesta. Se aceptan arrepentimientos, si son sinceros. Porque este movimiento no es solo para indignados. Hay también idealistas, luchadores, enamorados, viejos, jóvenes, revolucionarios, empleados, lindxs, fexs y otros: el que quiera si está dispuesto a participar y discutir la forma de construir una sociedad mejor.
Esa misma tarde, hubo una momento de tensión en la puerta secundaria. Algunos supuestos manifestantes agredieron a la policía, que a su vez respondió con tiros de bala de goma y porrazos. Todo eso no duró más que algunos segundos. Algunos manifestantes, sinceramente pacíficos, estaban filmando la escena y lograron en seguida identificar a los violentos. Estos se agruparon rápidamente en la entrada de un edificio, y llamaba la atención el parecido que llevaban, y que los distinguía del resto de los manifestantes. Un evidente entrenamiento físico, pasamontañas iguales, auriculares en la oreja (o habrá sido una cucaracha de comunicación), una mirada abstraída, cara de obediencia y nada que muestre indignación o alguna motivación personal para sumarse a la protesta. Estaban cumpliendo órdenes. El video está en youtube con el nombre "Qui son els violents" y cada uno puedo juzgar por su cuenta. Los manifestantes acá no están acostumbrados a que haya infiltrados para causar disturbios, tomar imágenes e identificar a los participantes. Es una faceta de la protesta que no imaginaban, crédulos de una sociedad civil donde reina el anonimato y seríamos todos iguales ante la ley. Es el indicio también, que esta protesta ha desatado un proceso al que el estado no es ajeno, y los políticos han tomado consciencia que no pueden seguir ignorándolo. Lo lamentable es que hasta ahora sólo esté tomando acciones policiales y represivas, en vez de aceptar los reclamos de la gente y entender a los indignados como interlocutores necesarios.

sábado, 4 de junio de 2011

PIRULO DE TAPA de página/12 sábado 4 de junio 2011

ENSEÑANZA
Por Juan Gelman
El presidente del Uruguay, José Mujica, ha dicho, con razón, que más que los derechos humanos de los abuelos le importan los derechos humanos de los nietos. Ha legado, entonces, una clara enseñanza a los nietos: el Estado puede asesinar, torturar, violar, robar y “desaparecer” a sus ciudadanos y no será castigado.

jueves, 2 de junio de 2011

¿Quién necesita esa ley?

Nuestros hermanos uruguayos se encuentran en una situación complicada. Tienen una ley que no les hace falta, una ley que ninguna persona con un mínimo de dignidad humana puede defender. La tienen hace un cuarto de siglo y, a pesar de la lucha de innumerables ciudadanos, artistas, víctimas y activistas, al grueso de la población uruguaya le falta aún la valentía de derogarla.

La justicia es un ideal inalcanzable, no hace falta incursionar con mucha profundidad en el pensamiento filosófico para tomar conciencia de ello. Pero crear una ley que prohiba a la justicia investigar ciertos crímenes, anteriores a cierta fecha, o cometidos por ciertas personas, no es reconocerle su calidad de ideal inalcanzable, sino transformarla en una posibilidad indeseada. En la Argentina hemos tenido que afrontar el horror de tener dos leyes de la misma índole, además de la vergüenza de los indultos, y tenemos el deber de mujeres y hombres de acompañar a nuestros hermanos uruguayos en su lucha para conseguir la justicia, o lo que de ella se pueda reconstruir después de tantos años.

En el '89 la campaña por el voto verde para derogar la ley obtuvo el 43%, en el 2009 el "sí" para la derogación obtuvo el 47%, no quería llegar al 50+1 necesario. En la campaña de l '89, los medios se negaban a pasar el mensaje de Sara Méndez, cuyo hijo le fuera arrancado de los brazos con sólo 20 días de edad. Puede que hayan tenido miedo a que volvieran los militares si el plebiscito votara contra la ley de caducidad, puede que hayan temido la llegada del comunismo, los zurdos, los maoístas o la revolución cubana. Puede que hayan tenido miedo, simplemente, de tener que afrontar la verdad, y las propias responsabilidades. Y esas responsabilidades no las pueden negar.

Todos estos miedos habrán tenido algún fundamento hace veinte años, ¿pero hoy? Veinte años después, otra vez los medios se negaron a dar una lugar a la campaña, otra vez ningunearon la problemática, dejaron a lo activistas contra la ley esperando en la puerta, condenándolos a la acción directa, los medios independientes, la voluntad de cada ciudadano de colaborar con su grano de arena. La democracia uruguaya, ¿aún le teme a milicos y marxistas? ¿o son los medios de comunicación que se siguen adjudicando el derecho de valorar miedos, libertades y posibilidades de una sociedad? Los medios de comunicación son una piedra fundamental en la transmisión y la valoración de los mensajes que circulan por la sociedad, si ellos no ponen todo su esfuerzo detrás de los reclamos de justicia, es poco probable que prospere. Eso vale tanto para el '73, como para el '85, el '89, el '09 o el '11, y vale tanto para el Uruguay como para cualquier otro país del mundo. Queda evidente que el reclamo de justicia debe subordinarse a un previo reclamo por la democratización de lo medios de comunicación. Recién cuando la horizontalidad de la circulación de los mensajes quede asegurada podremos avistar a lo lejos la llegada de la justicia.

La lucha contra la impunidad continúa, hasta que todos respondan por igual ante la justicia. Pepe Mujica quedó atrapado en su actitud conciliadora cuando dijo que la derogación por vía parlamentaria no era la señal correcta. Quizá no, pero era una vía legal para saldar una gran injusticia. Ahora la corte suprema confirmó que los delitos cometidos durante la dictadura son delitos comunes, con lo cual prescribirían este año, porque el delito de desaparición forzosa de personas no existía antes del año 2005. El argumento esconde una falacia tremenda, que se puede esperar de periodistas de dudable inteligencia pero que asombra en la exposición de magistrados de alto nivel. Se olvidan de los tratados internacionales que firmó el Uruguay, que señalan la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad y le vuelven a faltar el respeto a todas las víctimas del terrorismo de estado, que siguen esperando justicia.

Podemos responder la pregunta que titula este artículo. ¿Quién necesita esta ley? Los asesinos la necesitan. Los torturados y sus secuaces. Y todos aquellos que los cobijaron y se enriquecieron durante aquellos años oscuros la defienden porque saben que cuando esta ley pase a otra vida tendrán que rendir cuentas ante la sociedad, ante la humanidad entera, y se caerán las máscaras, desaparecerá el juego de las sombras y los sofismos. Cada uno será lo que hizo y deberá responder por sus actos. Ya no se podrán seguir lavando las manos con el olvido impuesto a la fuerza. Y ese día llegará, sólo ha sido aplazado. Por ahora… la lucha continúa.