La justicia es un ideal inalcanzable, no hace falta incursionar con mucha profundidad en el pensamiento filosófico para tomar conciencia de ello. Pero crear una ley que prohiba a la justicia investigar ciertos crímenes, anteriores a cierta fecha, o cometidos por ciertas personas, no es reconocerle su calidad de ideal inalcanzable, sino transformarla en una posibilidad indeseada. En la Argentina hemos tenido que afrontar el horror de tener dos leyes de la misma índole, además de la vergüenza de los indultos, y tenemos el deber de mujeres y hombres de acompañar a nuestros hermanos uruguayos en su lucha para conseguir la justicia, o lo que de ella se pueda reconstruir después de tantos años.
En el '89 la campaña por el voto verde para derogar la ley obtuvo el 43%, en el 2009 el "sí" para la derogación obtuvo el 47%, no quería llegar al 50+1 necesario. En la campaña de l '89, los medios se negaban a pasar el mensaje de Sara Méndez, cuyo hijo le fuera arrancado de los brazos con sólo 20 días de edad. Puede que hayan tenido miedo a que volvieran los militares si el plebiscito votara contra la ley de caducidad, puede que hayan temido la llegada del comunismo, los zurdos, los maoístas o la revolución cubana. Puede que hayan tenido miedo, simplemente, de tener que afrontar la verdad, y las propias responsabilidades. Y esas responsabilidades no las pueden negar.
Todos estos miedos habrán tenido algún fundamento hace veinte años, ¿pero hoy? Veinte años después, otra vez los medios se negaron a dar una lugar a la campaña, otra vez ningunearon la problemática, dejaron a lo activistas contra la ley esperando en la puerta, condenándolos a la acción directa, los medios independientes, la voluntad de cada ciudadano de colaborar con su grano de arena. La democracia uruguaya, ¿aún le teme a milicos y marxistas? ¿o son los medios de comunicación que se siguen adjudicando el derecho de valorar miedos, libertades y posibilidades de una sociedad? Los medios de comunicación son una piedra fundamental en la transmisión y la valoración de los mensajes que circulan por la sociedad, si ellos no ponen todo su esfuerzo detrás de los reclamos de justicia, es poco probable que prospere. Eso vale tanto para el '73, como para el '85, el '89, el '09 o el '11, y vale tanto para el Uruguay como para cualquier otro país del mundo. Queda evidente que el reclamo de justicia debe subordinarse a un previo reclamo por la democratización de lo medios de comunicación. Recién cuando la horizontalidad de la circulación de los mensajes quede asegurada podremos avistar a lo lejos la llegada de la justicia.
La lucha contra la impunidad continúa, hasta que todos respondan por igual ante la justicia. Pepe Mujica quedó atrapado en su actitud conciliadora cuando dijo que la derogación por vía parlamentaria no era la señal correcta. Quizá no, pero era una vía legal para saldar una gran injusticia. Ahora la corte suprema confirmó que los delitos cometidos durante la dictadura son delitos comunes, con lo cual prescribirían este año, porque el delito de desaparición forzosa de personas no existía antes del año 2005. El argumento esconde una falacia tremenda, que se puede esperar de periodistas de dudable inteligencia pero que asombra en la exposición de magistrados de alto nivel. Se olvidan de los tratados internacionales que firmó el Uruguay, que señalan la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad y le vuelven a faltar el respeto a todas las víctimas del terrorismo de estado, que siguen esperando justicia.
Podemos responder la pregunta que titula este artículo. ¿Quién necesita esta ley? Los asesinos la necesitan. Los torturados y sus secuaces. Y todos aquellos que los cobijaron y se enriquecieron durante aquellos años oscuros la defienden porque saben que cuando esta ley pase a otra vida tendrán que rendir cuentas ante la sociedad, ante la humanidad entera, y se caerán las máscaras, desaparecerá el juego de las sombras y los sofismos. Cada uno será lo que hizo y deberá responder por sus actos. Ya no se podrán seguir lavando las manos con el olvido impuesto a la fuerza. Y ese día llegará, sólo ha sido aplazado. Por ahora… la lucha continúa.
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