http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1342802
El diario La Nación tiene el agrado de informarnos que una mujer ha dado a luz a un bebé. ¿Por qué esto es noticia? Por el simple hecho de que esta mujer era, en realidad, una niña de apenas 10 años. El artículo se explaya sobre el estado de salud de ambos, madre e hijo, y sobre los procedimientos del sistema de salud provincial y hace, a continuación, una referencia a la pertenencia étnica de esta mujer: una comunidad mbyá-guaraní. Hasta aquí nos ahorra especulaciones acerca de modo de vida de esta comunidad y no lo relaciona al embarazo y hasta prodríamos considerar al artículo casi libre de categorizaciones racistas.
Sin embargo, sigue y nos provee algunos datos, que se podrían considerar de información general, para aquellos que hasta la lectura del citado artículo ignoraban por completo la existencia de poblaciones mbyá-guaraní (que, dicho sea de paso, descienden de los guaraníes que se negaron a entrar a las misiones de los jesuitas y siguieron viviendo su modo de vida tradicional: hasta hace algunas décadas, cuando llegaron las explotaciones agropecuarias a su tierra). Estas poblaciones serían pobres o hasta indigentes y recibirían ayuda de los gobiernos y de la iglesia católica. Si su modo de vida tradicional siguiera intacto, no nos podríamos arrogar la soberbia de descalificarlo como pobreza, por lo tanto, podemos especular que ya no pueden llevar su forma de vivir como hicieron desde tiempos inmemoriales. Y, de hecho, el artículo nos explica cómo: "la selva virgen va desapareciendo"; toda solita; de ninguna manera hay alguien que la haga desaparecer: ni plantaciones de soja ni yerbatales, y seguro que ningún hacendado o terrateniente tampoco. Como resultado, estos pobladores ya no pueden proveerse de alimentos. Pero esto no es una desgracia, sino, al contrario, una situación sumamente romántica y deseable por toda persona con toda su sensibilidad intacta, pues ahora "deambulan vendiendo bellas artesanías". Bellísimo. También tienen otras opciones de insertarse en el mercado laboral: "practican la mendicidad" o "se transforman en prostitutas infantiles". ¡Qué belleza!
También son llamados "los primitivos dueños de estas tierras" y debo aclarar que, en primer lugar, no son primitivos, al menos no más primitivos que el autor de esta nota ni que los jornaleros de la redacción del diario La Nación, ni han dejado de ser los dueños de estas tierras: porque la constitución argentina garantiza a los pueblos originarios el derecho a habitar su tierra de la misma manera que lo han hecho siempre. Los que violan este derecho son el Estado, la justicia y los explotadores de tierras y humanos.
Las entidades sociales y religiosas no deberían intentar "evitar la lenta extinción" de estos pueblos, sino combatir el exterminio sistemático y planificado, también llamado genocidio, codo a codo con los pueblos afectados y luchar para que, de una vez por todas, el Estado haga respetar la constitución y las leyes vigentes para todas las personas, independiente de los medios materiales que pueda tener, del color de su piel y de su procedencia étnica, geográfica y cultural.
Por último, el diario La Nación nos ha dado un próspero ejemplo de cómo se puede combinar consciencia de la diversidad cultural digna del siglo XXI con el más atroz racismo y soberbia cultural y racial que ya eran extemporáneos cuando, en el siglo XIX, sirvieron para justificar la conquista del desierto, el genocidio más atroz que se perpetró en el territorio que hoy queremos llamar República Argentina.
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